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Propuestas para mejorar la educación

11 junio, 2012

Evaluar Profesores

Propuestas para mejorar la educación (1): evaluar profesores

Fuente: SXC
Pau Farràs | 16/05/2012

“No hay inversión que rinda más que la educación. Cada euro invertido puede dar un rendimiento del 300%”. Las palabras son de Francesc Pedró, asesor de políticas educativas para la UNESCO, y el mensaje que quiere comunicar es que el desarrollo de un país depende primordialmente de su potencial humano. Para llegar a lo más alto, hace falta una inversión. El retorno, eso sí, se alarga en el tiempo, hasta los quince o tal vez hasta los veinte años.

Hace pocos meses se celebró un congreso sobre evaluación de políticas públicas en Barcelona. En el centro del debate se colocó inmediatamente la educación, especialmente a raiz de los recortes que en Catalunya se habían producido desde la llegada de Convergència i Unió a la Generalitat. Entre los ponentes, estaba Pedró, y fue entonces cuando explicó que hay que cuidar la cantidad, pero sobre todo la finalidad de los importes que se dedican a la enseñanza.

Pedró, que ha estudiado los sistemas educativas de muchos países desarrollados, suele huir de comparativas simplificadoras entre realidades estatales, pero entonces dejó unas certezas, la mayor de las cuales es la necesidad de que los profesores españoles reciban una evaluación permanente que, por ahora, no existe.

Es una más de las contradicciones que existen actualmente en la enseñanza. Los profesores se dedican a evaluar a su alumnado pero no reciben un control por parte de sus superiores. Los aumentos de sueldo se han basado hasta el momento en trienios y antigüedad por la misma regla de tres que los recortes salariales se han aplicado homogéneamente, sin atender a particularidades y pagando justos por pecadores.

La innovación en clase

Propuestas para mejorar la educación (2): la innovación en clase

Fuente: Slycom
Pau Farràs

La innovación en todas las áreas de la educación es un tópico manido, pero también un proceso necesario. Los alumnos de los colegios, como la sociedad en general, cambia sus necesidades con el tiempo y la educación debe adaptarse a tales cambios y, cuando pueda, intentar ir por delante de ellos.

No se trata de presentar algo novedoso sin más, sino algo mejor a lo que hay. Y mejor significa adecuado, tanto en el tiempo como a los individuos. A los niños se les llega de distintas formas hoy que hace cinco, diez y veinte años porque están influidos por los medios, la escuela y la familia de una manera distinta. Y el mercado laboral, que es el que les dará de comer, cambia contínuamente sus demandas y su estructura. No podemos, pues, ser conservadores en la forma de soñar la escuela.

Las fórmulas pueden ser variadas. Los libros de texto siguen siendo efectivos, pero deben ser complementados. Tal vez sea necesario ampliar miras e implementar videojuegos, por ejemplo. Igualmente, los juegos de rol, las salidas al campo o los trabajos en grupo pueden ser soluciones válidas para aprender experimentando. Igualmente, los debates, la investigación por su cuenta y las exposiciones pueden ser estimulantes. A veces puede ser válido el método socrático, preguntar a los niños y estimular su reflexión en lugar de desvelarles las soluciones de todas sus preguntas.

La realidad del alumnado del siglo XXI es la de niños y adolescentes saturados de información y sobreestimulados por la constante exposición a medios y actividades llamativas y cambiantes. El reto, pues, ha dejado de ser transmitirles los conocimientos. Ante esta situación, los estudiantes deben aprender a aprender: buscar la información adecuada, seleccionar la más fiable, organizarla según sus fines, analizarla en base a comparaciones y criterios y, finalmente, comunicarla con orden y claridad. Solo según este proceso puede llegar la verdadera alfabetización digital.

El inglés en la televisión infantil

Propuestas para mejorar la educación (3): el inglés en la televisión infantil

Fuente: Caracas
Pau Farràs | 29/05/2012

Ningún presidente español ha podido acudir a las reuniones con mandatarios mundiales sin necesidad de un intérprete. Es la punta del iceberg de una problemática dentro del país. Hoy, menos de una cuarta parte de la población española afirma hablar bien el idioma más importante del mundo. Mejorar el nivel medio de inglés de toda la sociedad es otro de los grandes desafíos de la enseñanza.

Ya hemos recordado alguna vez que el nivel de inglés de nuestros alumnos es el peor de Europa. Las causas son múltiples, y señalar la docencia en la escuela es olvidar una parte importante del problema. El número de horas de enseñanza de inglés oscila entre dos y tres según el nivel, y recientemente se ha introducido el inglés en las clases de otras materias para potenciar más las competencias en este sentido, pero hay otras vías para mejorar en esta faceta.

Los idiomas, está comprobado, se aprenden con la inmersión más que por obligación, con la necesidad más que por prescripción. En este sentido, el entretenimiento es la mejor vía para llegar a los niños, y la televisión es el más amplio de los canales de ocio que usan los pequeños en España. Por ello, habitualmente se sugiere la introducción de las series infantiles con versión original como una herramienta para el aprendizaje del inglés.

Actualmente hay pequeñas iniciativas, como el Learning English de Bob Esponja, Pocoyó o Dora la Exploradora, pero son todos en la televisión pública (Clan TV). A pesar del éxito que han tenido estos programas, no se ha generalizado la oferta en España, como si sucede en los países escandinavos o Portugal, por poner ejemplos variados. Por supuesto, su nivel de inglés de estos países es mejor en todas las edades.

El precio a pagar, cuentan las productoras y las televisiones, es la indústria del doblaje, donde se perderían puestos de trabajo. La sociedad debe decidir qué quiere priorizar.

La educación emocional

Propuestas para mejorar la educación (4): la educacion emocional

Fuente: SXC
Pau Farràs | 31/05/2012

Hace 14 años, la UNESCO reunió a expertos en educación y pedagogía de todo el planeta para replantear los ejes de una nueva forma de enseñanza. De esa cumbre entre sabios surgió el Informe Delors, que proyectó una idea de educación como herramienta de cambio. Una de las claves que se nombró fue la educación emocional, considerada en aquel informe como una parte fundamental del desarrollo cognitivo y de la prevención de conflictos.

No se trata de corregir o reprimir, sino de descubrir. La educación emocional debe tener por objetivo la identificación de los sentimientos propios y ajenos. Entender lo que siente uno mismo y entender que los demás pueden tener sentimientos parecidos puede ayudarnos a vivir más sanamente. Y esa forma de vida debe estar entre las finalidades de la enseñanza. De hecho, la próxima revolución de las aulas, según advierten algunos pedagogos, está en la introducción de la emoción emocional en las escuelas.

El trabajo de las emociones en al aula nos servirá para integrar en el proceso educativo los sentimiento, como el duelo por la pérdida, la ira contra los demás o la frustración con uno mismo. Si sabemos que las emociones nos afectan un una proporción muy elevada a la hora de aprender y a la forma de relacionarnos con los demás, la educación emocional puede dar buenos resultados académicos y va a favorecer la convivencia en la clase y en el centro escolar. En este sentido, está comprobado que iniciativas como la introducción de la meditación o algunas técnicas de educación emocional han redundado en niveles más bajos de conflictividad entre estudiantes y absentismo.

Esto a corto plazo. Si miramos más allá estaremos educando ciudadanos con más autocontrol sobre las propias emociones, una mayor autoestima y tolerancia a la ira y a la frustración y una capacidad más grande de ponerse en la piel de los demás, factor clave para prevenir los conflictos.

La formación del profesorado

Fuente: SXC
Pau Farràs |

Si la mejor inversión que puede hacerse para mejorar el país es la educación, el capital donde más debemos focalizar la atención son los profesores: por muy buenas instalaciones que tengamos, por competentes y visionarios que sean los directores de las escuelas y aunque introduzcamos la última tecnología en las aulas, si los actores principales no estan a la altura, se nos hunde el proyecto.

Y lo mismo a la inversa. Un plan de estudios chapucero, unos medios precarios y un entorno primitivo pueden paliarse con unos profesores entusiastas, motivados y preparados. Y para ello hacen falta dos cosas: formación y comodidad.

De lo segundo hemos hablado otras veces: para contentar el profesor, debe estar bien pagado y debe tener suficiente tiempo para preparar las clases. Los dos factores, está comprobado, contribuyen a mejorar los resultados de los alumnos. En España, sin embargo, los profesores cada vez tendrán más horas lectivas y cobran bastante cuando empiezan pero a lo largo de la carrera se les sube poco el sueldo y es en base a antigüedad, no a sus méritos.

En cuanto a la formación, en el debe de los maestros españoles hay varios puntos:

  • En las facultades se explican con profundidad los fundamentos de la pedagogía y se ensayan con detalle los contenidos de las asignaturas, pero no se enseña a comunicar. El profesor, tal vez más que ningún otro profesional, es un comunicador. Y los buenos comunicadores no pueden limitarse a transmitir información. Deben emocionar, estimular, provocar. El conocimiento y la práctica de esta competencia es imperativo en una realidad escolar como la que tenemos.
  • El inglés. Hoy, muchas facultades permiten la graduación de futuros profesores que apenas podrían mantener una conversación en inglés. Nuestro nivel de inglés es el peor de Europa, y tampoco se ponen soluciones para corregirlo. Si todos lo conocieran cada asignatura podría darse en ese idioma cuando fuera necesario.
  • La motivación. Las aulas desgastan. Los alumnos no siempre son agradecidos, los padres todavía menos y el apoyo de la dirección y los compañeros, que también tienen sus propios problemas, no siempre es el ideal. Facilitemos los espacios comunes para que los profesores compartan, proporcionémosles acompañamiento y coaching profesional, insistamos en la búsqueda permanente de su motivación, porque el educador sin vocación es más un lastre que un activo.

La autonomía de los centros

Propuestas para mejorar la educación (6): la autonomía de los centros

Fuente: SXC
Pau Farràs |

Cada escuela es un mundo. La sociedad y sus hijos es distinta a cada barrio, a cada pueblo, a cada ciudad. No es lo mismo la periferia madrileña que Bilbao o el distrito rico de Barcelona que un pueblo de Cuenca. El entorno importa mucho en la educación, y cuando se trata de mejorarla, mejor apostar por quien la conoce, así que la proximidad es un argumento.

Sería injusto legislar igual realidades escolares distintas. Tendría poco sentido concretar al máximo todas las casuísticas posibles y todos los problemas que existen en los colegios españoles. La solución para encontrar la solución adecuada a cada problema es la autonomía de los centros escolares.

Cada centro debería poder tener su proyecto educativo propio, elaborado entre la dirección, el profesorado y las familias. En un marco único, sí, pero bajo los criterios que sean necesarios para cada zona. La descentralización debe dar poder a los centros y a los maestros, que al fin y al cabo son los actores principales de la acción educativa.

Esta autonomía requiere, por supuesto, rendición de cuentas. Profesores, centros y directivos deben ser evaluados técnicamente y deben ajustarse a los criterios políticos que se hayan pactado. Más allá de la evaluación, sin embargo, la libertad de acción debería poder permitir mayores cotas de innovación pedagógica y seguimientos más individualizados al alumnado con necesidades especiales.

No se trata de poner la autonomía como un fin, sino como un medio para conseguir una educación que fomente la igualdad de oportunidades y potencie al máximo las posibilidades de cada cual sin importar la familia o el entorno en el que vive.

Grupos flexibles

Propuestas para mejorar la educación (7): grupos flexibles

Fuente: Dibucartoon
Pau Farràs

Hay cosas en la escuela que se hacen como se hacen porque siempre se ha hecho igual. Afortunadamente, hay maestros, directores y pedagogos que se atreven a preguntarse el por qué de las cosas y se lanzan a cambiar. La agrupación de los niños según las edades es una de las estructuras que tal vez podríamos poner en duda.

Los grupos escolares se han organizado según el año de nacimiento desde hace décadas siempre que ha existido una cantidad suficiente de alumnos. Fuera de los entornos rurales, pues, cada estudiante suele asociarse a un curso determinado y, en base a él, se han establecido su nivel y sus compañías. Así ha sido posible homogeneizar los conocimientos de cada grupo, pero en España ha dado como resultado las tasas más altas de Europa en repetición y fracaso escolar, además de unos resultados en las pruebas internacionales por debajo de la media.

Está claro que hay algo que podría mejorarse, porque ni nuestros alumnos no tienen menos potencial ni nuestros profesores son unos incompetentes. Tal vez podemos abordar un nuevo tipo de agrupación de los alumnos, no según su edad sino según sus capacidades o sus intereses.

Si de lo que se trata es de potenciar el talento de cada alumno, sea cual sea, podemos optar por organizar determinadas clases en función de los conocimientos sobre esa materia. Hoy hay niños de P5 con niveles de lectoescritura superiores a la media de un alumno de tercero de primaria. O estudiantes que están cerca de pasar a secundaria que se manejan peor que sus compañeros de cuarto en la resolución de operaciones matemáticas.

¿Por qué no empezar una distribución flexible entre los cinco y los doce años en materia de lectoescriptura, inglés o cálculo? Por supuesto, sería una distribución permanentemente revisable porque dependería de factores que varían. Juntar a los niños según sus niveles en lugar de según su edad podría ser una forma de ayudarles a todos a crecer, estimularía con más precisión a los alumnos, fomentaría el aprendizaje cooperativo y permitiría una mayor atención del profesor si se realizara en grupos reducidos.

El valor de un buen profesor

Pau Farràs | 29/01/2012

Un mal profesor produce en los alumnos el mismo efecto que haber hecho novillos durante el 40% de las clases de un curso. Es lo que indica un estudio realizado por economistas de Harvard y Columbia, que confirma lo decisivo de tener buenos maestros durante la etapa escolar.

Dice la leyenda y respaldan los datos que Finlandia tiene los mejores profesores de todo el mundo. El secreto, según Timo Riiho, es que los requisitos para ser docente son muy elevador. Riiho es un catedrático que ha estudiado el sistema educativo finlandés comparándolo con el español. Ha concluído que en España pagamos suficiente a los profesores, pero que los políticos cambian demasiado las leyes educativas.

El estudio al que nos referíamos al principio, que se puede consultar online, asegura que cambiando a los peores profesores de un curso por otros de nivel medio, el salario de cada alumno a lo largo de toda su vida laboral aumentaría en 52.000 dólares. Da vértigo imaginar las posibilidades de generalizar este tipo de medidas en la enseñanza española, más aún en una época donde las acciones tienden más hacia la precarización del oficio -más horas, peores condiciones- que hacia su revalorización.

Sin embargo, la educación apenas ocupa espacio en las portadas de los periódicos ni un tiempo razonable en los noticiarios. Y cuando se aborda, es complicado vislumbrar propuestas constructivas, como serían la mejora de su formación universitaria, la revalorización de la condición del docente, el aporte de medios para la atención a la diversidad o la evaluación de los maestros para premiar a los buenos profesores y penalizar a los poco eficaces.

Porque la educación no es gasto, sino inversión. Y no hay mejor inversión que la que mejora y capacita a las personas.

La hiperactividad en los niños: ¿Qué es?

La hiperactividad en los niños: ¿Qué es?

Fuente: Stock
Pau Farràs |

Siempre ha habido niños más movidos que otros, o muchachos a quienes les costaba más mantener la atención y se distraían con facilidad, ya fuera en clase o ante cualquier exposición o conversación. Actualmente se habla con ligereza del déficit de atención o la hiperactividad para referirse genéricamente a esas conductas, pero conviene ser muy cuidadosos con esta terminología.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) se caracteriza por la facilidad para la distracción, la impulsividad y la hipermovilidad que conlleva a quienes la padecen, que puede ir desde la moderada a la grave. Se calcula que es tres veces más frecuente en varones y que entre un 5 y un 10% de los niños y adolescentes la sufren.

La estadística, sin embargo, es engañosa porque, como indican algunos especialistas, actualmente el TDAH “está sobrediagnosticado”. Actualmente, cerca de un 40% de las visitas a psiquiatras infantiles y juveniles son para tratar de este tipo de patologías, pero es importante subrayar que las dificultades de atención no siempre tienen base neurológica.

En algunos casos, las dificultades de atención y la hipermovilidad son causadas por la ansiedad, generalmente por motivos familiares, o por la sobreexposición a las nuevas fórmulas de ocio basadas en la tecnología: ¿cómo va a mantener la concentración en un profesor un niño acostumbrado a pasar horas ante el festival de luces, ruidos, mensajes y acción que suponen los videojuegos, las películas y la publicidad?

Sin embargo, el tratamiento suele ser el mismo en la mayoría de los casos: la medicación. Así, actualmente proliferan los tratamientos farmacológicos -los cuales afectan sobre las áreas cerebrales con psicoestimulantes– entre los niños de entre seis y catorce años, con el riesgo que ello conlleva. La medicación puede ir bien en muchas situaciones y ayudar al niño a focalizar su atención y relacionarse mejor, pero puede haber otros factores.

Ante la sospecha de que nuestro hijo pueda padecer problemas de concentración, debemos acudir al psicólogo escolar para que lo examine y decida si es conveniente derivarlo al neurólogo o psiquiatra. Una vez realizada la consulta, es conveniente contrastar los diagnósticos por la razón antes expuesta y asumir que, seguramente, al niño movido y ansioso, más que una pastilla, lo que le conviene es una terapia individualizada que le ayude a gestionar sus emociones mediante la palabra, el arte o el movimiento.

Fuente: pequejuegos.com

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